ARIYA es un vehículo eléctrico. Algunos de los sistemas del vehículo funcionan de manera diferente y disponen de diferentes características de funcionamiento que los vehículos equipados con motor de combustión interna. Por esta razón es importante revisar cuidadosamente todo el manual del propietario. La principal diferencia consiste en que ARIYA es propulsado por electricidad. ARIYA no requiere y no está en capacidad de utilizar gasolina tal como un vehículo convencional propulsado por motor de combustión interna. ARIYA utiliza la electricidad almacenada en la batería de ión- Litio (Li-ion). La batería Li-ion del vehículo deberá cargarse con electricidad antes de conducir el vehículo. La batería Li-ion se descarga gradualmente a medida que el vehículo está en funcionamiento. Si la batería Li-ion se descarga completamente, el vehículo no funcionará hasta que sea recargada.
Este vehículo emplea dos tipos de baterías.
Una es la batería de 12 voltios la cual corresponde a la misma batería empleada en vehículos propulsados por motor a gasolina, la otra es la batería Li-ion (alto voltaje).
La batería de 12 voltios proporciona potencia a los sistemas y funciones del vehículo tal como el sistema de audio, sistemas de seguridad suplementarios, faros y limpiaparabrisas.
La batería Li-ion se encarga de proporcionar potencia al motor eléctrico (motor de tracción) el cual hace desplazar el vehículo.
La batería Li-ion carga además la batería de 12 voltios.
El vehículo deberá estar conectado para que se lleve a cabo la carga de la batería Li-ion. Asimismo, el sistema del vehículo puede aumentar el alcance de conducción convirtiendo la fuerza de conducción en electricidad almacenándola en la batería Li-ion mientras el vehículo desacelera o se conduce cuesta abajo. Esto se denomina freno regenerativo. Este vehículo se considera como un vehículo respetuoso con el medio ambiente debido a que no emite gases de escape, tales como el dióxido de carbono y óxido de nitrógeno.
Comenzando en medio de nuestra cuarta aparición, establecemos nuestra dominación celestial sobre la imagen de nuestro fruto alado.